domingo, 5 de septiembre de 2010

Yo quiero un abrazo.

Esta noche hace frío, y no te podré abrazar.
Daría mi manta por poder olerte esta noche.
El príncipe esta triste, y yo no te podré abrazar.
Daría su corona por poder sentirte esta noche.

(Y ¿qué más da si el miedo te pone un fusil en la cara?)

Esta noche es enorme, y no te podré abrazar.
Daría mi almohada por poderte rozar esta noche.
El caballo quiere volver a ser algodón, y yo no te podré abrazar.
Daría mi dependencia por poder…
Pero no, no tengo de eso.

Yo solo quiero un abrazo por dios.
Y no. No te podré abrazar.

Noches de bohemia y de ilusión (...)


La noche era agradable, sonaba música el las esquinas y las muchachas sonreían alegres por la calle principal. Entre en el mismo bar de siempre, donde iban los intelectuales a divertirse. Escritores, músicos, pintores… todos estaban ahí, bailando y riendo.
Me senté en la mesa mas cercana a la puerta, una manía que tengo desde pequeño es situarme cerca de las salidas, nunca se sabe si te puede venir bien para salir corriendo ¿no? . De entre las notas musicales de la canción que sonaba, al compás de una guitarra, suave como la brisa escuche la risa mas perfecta que dios había creado. Desde entonces siempre me siento lejos de la puerta, para así no poder escapar jamás.